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Los Guerreros del Dragón : Como tratar a una dama (Capítulo II)

13 de noviembre de 2013

Cuando atravesé la puerta, el tiempo pareció ralentizarse. Todo se había vuelto oscuro a mi alrededor y había un silencio absoluto. Intentaba mover las piernas, pero era como tratar de levantar un coche bajo el agua. Entonces recordé las palabras de mi instructor e intenté tranquilizarme. Solo era una fase más. 
Todas las cosas que habían sucedido eran extrañas y no tenían sentido. Nada tenía sentido desde aquel extraño accidente..


Debía haber pasado un día.
Estaba en la parada del autobús, con Liam, cuando vimos algo oscuro caer en picado hacia la carretera y provocar un accidente en cadena.
Aquella bestia se erguía mientras desplegaba unas grandes e imponentes alas, que causaban terror.
Tenia una boca enorme, sembrada de afilados y amenazadores dientes. Y lo peor de todo es que nos estaba mirando con sus penetrantes ojos amarillos.
Creí que me estaba volviendo loca, pero cuando note como Liam, se tensaba a mi lado y empezaba a retroceder, comprendí que no era la única que lo estaba viendo. Sin embargo, si que parecíamos los únicos.
La gente avisaba a las autoridades y corrían al lugar del accidente para socorrer a las victimas, sin prestar atención a aquel gran ser que aplastaba todo con su peso. ¿Qué estaban haciendo?  

Oí un extraño grito que procedía desde lo alto y vi como aquella criatura alzaba el vuelo, perseguida desde lejos por una figura azul que se dirigía veloz hacia ella. Juraría haber visto hielo en el espacio que los separaba. Agarró a la criatura oscura con sus grandes garras y lo cubrió con sus enormes alas.Se perdieron a lo lejos mientras las ambulancias llegaban y corríamos a ayudar a los heridos más cercanos.
Le conté lo ocurrido a Liam, pero el se dedicó a negarlo. Entonces alguien me golpeó en la nuca y no volví a verle.



Desperté en una especie de cueva pequeña y oscura.
Estaba atada a una silla de madera y delante de mi había un hombre, también sentado en otra silla, bebiendo cerveza tranquilamente. Su pelo rubio estaba enmarañado y tenía un arañazo en la cara. Observaba divertido como intentaba deshacerme de las cuerdas y al ver que no lo conseguía se echó a reír.
-Nadie ha conseguido deshacer uno de mis impecables nudos.-Dijo poniéndose en pie. Se paseó por la estancia y dejó su jarra en una pequeñita mesa que había pegada a la pared. Al ver mi insistencia se acercó a mi y se agachó un poco. -Déjalo, pequeña. Nadie...
Le pegué una patada en la entrepierna y el hombre gritó del dolor, apartándose de mi, mientras se llevaba las manos sobre la zona y soltaba maldiciones. Yo me reí y seguí intentando desatarme, pero era imposible. El maldito lo había conseguido hacer bien.

-¿¡Crees que esta es forma de tratar a tu instructor!?- Rugió sentándose en la silla.
Yo le miré molesta.
-¿Instructor? ¿Instructor de que? Un instructor no ata a la gente. -Empecé a sacudirme en la silla para ver si así se rompía o las cuerdas cedían...

 Sigue leyendo el capítulo aquí.



***


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